By Rodrigo Peretti
«El futuro del hombre está en el cerebro de los niños. Si cuidamos el cerebro de los recién nacidos y niños, estaremos cuidando a la humanidad» Dr. K. Swaiman
“5391 niños, niñas y adolescentes fueron afectados por violencia doméstica en 2023” “El porcentaje marca un crecimiento respecto al año anterior, cuando los niños, niñas y adolescentes (NNyA) representaron el 34% de los afectados, en una tendencia creciente que se observa desde 2018”- oficina de violencia doméstica ciudad de buenos aires-«
El flagelo del maltrato infantil acompaña a la historia de la infancia desde sus comienzos, pensemos que hasta el año 500 aproximadamente, el infanticidio era un hecho aceptado cotidianamente, entre el año 1600 y 1700 se lo consideraba al infante peligroso, al que debíamos moldear envolviéndolos en fajas y cintas que retenían su cuerpo.La era de la urbanización y el maquinismo contribuyo haciéndolos victimas de otras formas de abuso,” el trabajo infantil”. Llegó la etapa de la instrucción donde se focalizó en la enseñanza, la atención en controlar sus rabietas y se generó mayor dedicación de las madres para con sus hijos. Luego, gracias al advenimiento de la pediatría y la educación, avanzado en el siglo XIX, la declaración de Ginebra y la Convención de los Derechos del Niño, se establece un marco de protección para los niños; sin embargo, el flagelo continúa en la actualidad.Gran parte del desarrollo del cerebro es extrauterino, por lo cual un niño es un cerebro en desarrollo y toda experiencia transitada en su vida tendrá impacto en su cerebro de formas diferentes. Desde la mirada de su madre, hasta los matices de sus verbalizaciones serán experiencias que impacten en el desarrollo del bebe. Hoy sabemos que la ausencia de contactos físicos, ternura y cuidados parentales adecuados, altera la organización de las zonas prefrontales, cuyo período crítico para su formación se sitúa entre 10 y 18 meses, es decir muy tempranamente el cerebro en desarrollo comienza a diferenciarse de acuerdo a las experiencias del entorno.
Durante el primer año de vida, cada neurona se va desarrollando para establecer las conexiones neuronales definitivas, es decir las neuronas nacen y se diferencian unas de las otras para luego migrar a regiones y establecer sus propias conexiones. Si bien este proceso está programado genéticamente, el papel del medio ambiente en el que se produce el desarrollo va a ser trascendental para el mantenimiento de determinadas conexiones, debido a que este, podría favorecer la producción de los cambios neuronales, mediante un mecanismo que llamamos neuroplasticidad.
Uno de los procesos más importantes en el cerebro es la mielinización o formación de mielina alrededor de los axones con el objetivo de favorecer la conducción de impulsos nerviosos, por lo tanto, neuronas sin mielina conducirán su información de forma lenta. Es decir, el fracaso en la formación de mielina producirá una inhibición en el desarrollo satisfactorio de las funciones cognitivas, motoras y sensoriales, con dificultades en la integración de la información recibida.
El maltrato infantil tiene como base un mecanismo de estrés crónico, este mecanismo altera la neurotransmisión de hormonas neuroendocrinas y factores neurotrópicos implicados en el desarrollo normal del cerebro, produciendo entre otras cosas el retraso en los procesos de mielinización, disminución de la neurogénesis, anormalidades en el desarrollo de la poda sináptica etc. Dichas alteraciones dejarán secuelas psicológicas y neurológicas irreversibles, debido a que interrumpen el desarrollo normal del cerebro, incluyendo alteraciones no solo funcionales sino también estructurales. El estrés temprano produce alteraciones en áreas como el hipocampo, debido a que es una región del cerebro más sensible al cortisol. Estudios como el de Mcgowan et. al en el 2009, examinaron post-mortem neuronas del hipocampo de víctimas de suicidio con historia de maltrato infantil, sin historia de maltrato y controles, encontraron diferencias significativas entre los suicidas con historia de maltrato y el resto. Estos tenían menos niveles de ARN mensajero de los receptores glucocorticoides, así como una metilación (silenciamiento) mayor del promotor de la expresión de los mismos (NR3C1). Estos hallazgos relacionan una historia de maltrato en la infancia con una regulación epigenética de los receptores glucocorticoides que promueve una mayor y más sostenida respuesta de estrés ante eventos amenazantes. Se ha observado a nivel del área CA3 del hipocampo, que el estrés agudo o aumento glucocorticoideo produce un sufrimiento neuronal en dicha área, ante un estímulo repetitivo se detecta atrofia de neuronas CA3, y ante el estrés severo y crónico, se produce muerte celular.Estos cambios estructurales en el hipocampo se correlacionan con las fallas cognitivas, fundamentalmente sobre la memoria, atención y aprendizaje. También se ha observado reducción del volumen del hipocampo en pacientes adultos con historia de maltrato infantil.
Como se mencionó anteriormente estos cambios estructurales tiene un correlato en la funcionalidad, podría explicar los síntomas amnésicos, disociativos, ansiosos y desinhibitorios, característicos de los trastornos de estrés post trauma, como las dificultades en la recuperación de los recuerdos relacionados con el trauma.
Otra área profundamente afectada es la amígdala, la cual representa nuestro cerebro emocional, dicha área en un niño víctima de maltrato infantil se observa la “irritabilidad límbica”, esta activación puede impedir el desarrollo correcto en el procesamiento de la información específicamente de la memoria y los recuerdos esenciales para diferenciar la intencionalidad, responsabilidad personal y sensación de control y confianza en los demás, es decir, el niño víctima de maltrato “escanea” el mundo de forma peligrosa y puede percibir alguna conducta como agresiva y actuar en consecuencia o presentar conductas evitativas por fallas en los esquemas cognitivos.
Se han observado en diferentes trabajos de investigación, en niños con antecedentes de maltrato y con trastornos de estrés post trauma, alteraciones estructurales como por ejemplo, reducciones a nivel del volumen del cerebelo, como así también, reducciones en el volumen del cuerpo calloso. El estudio de De Bellis et al., con víctimas de maltrato infantil, incluyendo abuso sexual, reveló un menor tamaño intracraneal (7%) y cerebral (8%) en los individuos con historia de maltrato infantil en individuos de grupo control. Sus resultados indican que el volumen cerebral se correlaciona positivamente y, de forma significativa, con la edad de inicio del maltrato (cuanto menor es la edad en que se recibe maltrato menor es el tamaño cerebral), y negativamente con la duración de este maltrato (cuanto más duradero es el maltrato menor es el tamaño del cerebro).
En los estudios de Shalev et al., se han observado que los niños que experimentaron estrés severo tuvieron un desgaste más rápido de los telómeros (regulación del envejecimiento celular), dicho estudio demuestra por primera vez que los telómeros pueden sufrir desgaste a una edad muy temprana, y que este desgaste está asociado a exposición acumulada de repetidas experiencias de violencia.Otra estructura fundamental es la corteza prefrontal, en esta área se encuentran las funciones ejecutivas, optimización de los procesos cognitivos, comportamiento social y moral, el control de impulsos, manejo de emociones, razonamiento lógico, atención, concentración y memoria. En los niños víctimas de maltrato existe un hipofrontalismo que se traduce en funciones disminuidas en dicha área, observando dificultades en su capacidad de integrar información y control, lo que lleva a conductas más impulsivas y gobernadas por las emociones. Todo lo mencionado hasta aquí pone de manifiesto la complejidad de consecuencias que produce el estrés crónico en el cerebro del niño víctima de maltrato infantil y cómo impactará en sus relaciones personales.
El niño maltratado percibe el mundo de forma peligrosa, pueden volverse hipervigilantes por la hiperactividad límbica, también se observó que los niños traumatizados pueden identificar rostros enojados más rápidamente que los niños no traumatizados, lo que sugiere que están «preparados» para detectar amenazas escaneando continuamente el entorno, esto hace que les sea muy difícil concentrarse en el aprendizaje. Boris Cyrulnik anuncia; “los niños se vuelven fríos para sufrir menos y se calman preocupándose únicamente por sus fascinaciones mentales, la empatía se detiene cuando el otro infunde temor y en un mundo sin otro el abismo es enloquecedor.” Otras características, son las dificultades en el sueño por alteraciones de la liberación de melatonina y retrasos en el crecimiento por alteración de la hormona de crecimiento. A nivel social pueden presentar conductas evitativas, menos referencia a describir sus estados internos, con pobreza en la autorregulación emocional, pobreza de juego simbólico. Estos niños también son más vulnerables a presentar trastornos de ansiedad y depresión. Los niños víctimas de abuso presentaron fallas en la memoria episódica traducidas en dificultades para el recuerdo y la evocación de sus sucesos autobiográficos.En relación al lenguaje, en líneas generales se encuentra afectado, pero éste depende del tipo de maltrato, siendo mayores en el abandono o negligencia donde la interacción con el cuidador primario es menor o precaria.
Es importante conocer las consecuencias del maltrato infantil para entender el grado de compromiso que debemos tener como sociedad para la prevención, detección temprana y tratamiento, debido a que las implicancias no son solo funcionales sino también estructurales en el cerebro de un niño, futuro adulto. Bruce Perry refiere:“Los niños que tienen una adversidad significativa durante el primer año de vida y se lo lleva a un entorno donde hay seguridad, consistencia, previsibilidad, todo tipo de esfuerzo para tratar de ayudarlos, les va peor que a los niños que durante ese primer año tuvieron un año de atención, amor, consistencia y luego vivieron situaciones de caos, amenaza, violencia doméstica, inclusive teniendo más años de adversidad”. Esto da cuenta de la necesidad de detección precoz en los primeros años de vida donde la neuroplasticidad es mayor y las intervenciones más efectivas. Un niño necesita no solo una familia que brinde experiencias necesarias que respeten su desarrollo y su naturaleza, necesita también una sociedad que lo proteja y provea de espacios para crecer, cualquier grado de violencia dañará su instinto creativo, detendrá su desarrollo y lo reducirá a una víctima. Boris Cyrulnik nos recuerda “lo que verdaderamente facilita la recuperación evolutiva resiliente es un encuentro, una transacción afectiva entre lo que el niño es después de la herida y lo que su familia y su cultura disponen a su alrededor.”
BIBLIOGRAFÍA
Maltrato infantil una deuda con la niñez – Diana Becher de Goldberg
Neurobiología del maltrato infantil: el ‘ciclo de la violencia’ Patricia Mesa-Gresa, Luis Moya-Albiol -Rev Neurol 2011; 52 (8): 489-503 Review of neuropsychology of child abuse: Neurobiology and neuropsychological profile in maltreated children-Alejandro Amores-Villalba, Rocío Mateos-Mateos
Boris Cyrulnik -De cuerpo y alma neuronas y afecto 2006. DE CUERPO Y ALMA: NEURONAS Y AFECTOS: LA CONQUISTA DEL BIENESTAR
Andrea Marquez Lopez Mato-psiconeuroinmunoendocrinologia 2008
Bruce Perry & Maia Szalavitz – El niño a quien criaron como perro
Effect of chronic stress on the dendritic remodeling in the region CA3 hippocampal Tzintli Meraz M.1, Jacinto Bañuelos
www.csjn.gov.ar/
